Sin nombre

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(Por: Itsmania Platero)

Según el escritor Miguel Ángel Cornejo, la violencia es un aspecto que nos arrastra pero siempre hay que ser positivo asumiendo el reto de querer ser diferentes.

Haciendo un recorrido por la historia nos damos cuenta que muchas mujeres notables quedaron en el olvido, destacadas en la lucha por los demás, renunciando a sus propias alegrías, heroínas de las artes, pintoras, escritoras, fotógrafas y cantantes famosas que han sido opacadas por una sociedad egoísta, abatidas por la envidia y la mala fe.

Las mujeres cada día tenemos que enfrentar nuevas luchas y retos; ser excelentes, felices, respetadas, valoradas, reconocidas, diferentes y emprendedoras.

Desde la creación del mundo las paredes de las cuevas hablan de los secretos de la mujer y su belleza.

Los grandes artistas han hecho énfasis en la figura femenina y la belleza que perciben de diferentes formas, la estética, su técnica, hasta sus puntos estratégicos para incursionar en la política.

Son muchas las etapas que destacan el papel de las mujeres en los cambios sociales. No podemos olvidar a Leticia de Oyuela; historiadora, poseedora de un peculiar estilo que mezclaba el hecho histórico con una enorme fuerza, fue pasión e inspiración para muchos ya que dejó plasmada la historia de Honduras en más de 25 libros, nominada al premio Nobel de Paz.

La insigne Gladys Lanza una mujer campechana de fuerte temperamento hija de un vice presidente de la República de Honduras, se destacó en la lucha de movimientos obreros, agotó sus años por la defensa de los derechos laborales y de la mujer sin imaginar que al final se convertiría en víctima de un sistema jurídico donde nadie pudo defenderla, heredó un ansia de independencia y una bofetada profunda al mundo burgués.

Clementina Suarez se le llamó la “Mujer Nueva” de Honduras. Bohemia apasionada, hacia lo que quería. No le molestaba ser la única mujer que frecuentaba el estanco de “Mamá llaca” en el Barrio La Ronda de Tegucigalpa. Amaba la compañía de los hombres, le encantaba estar rodeada de talentos e ideas, la educación de Clementina era la gente. “Vestía pantalones cortos y celebraba su cuerpo no sólo en su vida sino también en su poesía”. Fue la primera mujer que publicó un libro en Honduras, pero la gente se interesaba más por sus amantes que por su poesía hasta que terminó en manos de la delincuencia.

María del Pilar Salinas inició una escuela en 1948 para ayudar a personas no videntes de Honduras. A los 19 años quedó ciega eso no le impidió formarse como maestra. Su valor y su fe le dieron fuerzas, aprendió la rehabilitación, fue preparada para ayudar a los no videntes.

Su comienzo fue difícil sin la confianza de la sociedad y víctima de muchos obastáculos pero la acercaron al éxito. En 1981 fue nombrada, a escala mundial, Segunda Mujer del Año, en Roma, Italia. Después de su muerte a los 91 años los correos hondureños le dedicaron un sello postal.

Ver a las mujeres como discípulas de sus padres es una relativa facilidad al aprendizaje y a la maestría, imaginarlas víctimas de la esclavitud, no solo por explotación sexual sino la más común, vivir ocultando la belleza de sus talentos, sus virtudes y con el rostro mirando al suelo.

Pero cuando la puertas se cierran de golpe obligan a las mujeres ha acceder a las universidades, no solo por concebir que no tenían suficiente talento, sino por una cuestión moral y para desarrolar aquello que se llama “Dignidad”.

Pero como diria Ángeles Caso “los historiadores las descartaron de un plumazo, las condenaron, las tiraron a un pozo oscuro y probablemente hemos heredado ese relato sin cuestionarlo”.

En todas las generaciones siempre ha destacado una mujer. Pero siempre han sido obligadas a abrirse espacios a fuerza de dolor humillación y tropezones. La mujer parece reflejar “un combate interior entre el amor y la libertad”.

Muchas veces la mujer deja que roben su espacio y olvida el trabajo que lleva ser mujer. Cada una tiene el don de definir su propio estilo que plasmará creativamente en su imagen, dejando al final un gusto casi estético al mirarse al espejo bella y delicada.

La clave de ese exito está en no vivir detrás del silencio, exprésarnos con seguridad y libertad, tener la certeza que las palabras contribuyen al mejoramiento de nuestro entorno. Sin evitar el miedo a los cambios, pues estos llegarán a transformarnos.

Finalmente, serán la inspiración inédita con el alma pura como una hoja en blanco donde el tiempo se encargará de llenar con la mejor de sus historias que es “El don divino de ser madre.”

 

“Una palabra basta para cambiar el rumbo de nuestras vidas” – Itsmania Platero

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