Por: Karla Núñez
Máster en PNL, coach, conferencista y fundadora de Shakti Internacional

¿Sabes cuál ha sido el reto más relevante que he enfrentado como emprendedora? ¡El manejo de mis emociones! ¿Qué me dices tú? ¿Te parece?

Al comenzar el camino de emprender me encontré con obstáculos que fueron incidiendo en mí, tal vez ni siquiera tenían que ver conmigo directamente, por ejemplo, problemas de local, trámites, etc. La cuestión es que en muchas ocasiones sin que te des cuenta, comienzas a permitir que los contratiempos te quiten energía y te hagan perder el enfoque. Aquí entre nos, te voy a contar que inicialmente pasaba en una montaña rusa de emociones, lo que hacía que pasara de no querer salir de mi cama a saltar como una cabra.

No doy por sentado que lo que me pasó a mi te esté pasando a ti, sin embargo, si hay algo que he aprendido, es que el ser humano se enfoca más en el lado negativo de las cosas y cuando comenzamos a justificar lo que sucede echando culpas a todos, sin tomar en cuenta nuestra propia responsabilidad, terminamos gastando tanta energía en la ira, las decepciones, tristezas y nos enfocamos tanto en lo que consideramos fracasos, que perdemos de vista que mientras continuamos moviéndonos no hemos fracasado, simplemente estamos en proceso de descubrir la manera de lograr nuestra meta.

Ahora te voy a proporcionar 3 tips que me han sido útiles a la hora de gestionar mis emociones durante mi proceso:

  1. Cambiar lo que puedo cambiar, aceptar lo que no puedo cambiar, reconocer la diferencia. Esta es para mí una frase francamente impresionante y nunca me ha decepcionado. Me ha servido para enfocar mis esfuerzos, ya que muchas veces nos desgastamos tratando de “controlar” situaciones que en realidad están fuera de nuestro control, por ejemplo: pierdes tiempo valioso enfadado por un trancón de tráfico, cuando es algo que no depende de ti, te enfureces y te enfocas en lo negativo, en lugar de utilizar ese tiempo en algo más productivo o simplemente, si no hay nada que puedas hacer, pues pon música o un audiolibro y ¡Disfrútalo! Que al final va a resultar que, aunque llegues tarde, por lo menos no llegarás estresado.
  1. Ocúpate. Estamos tan acostumbrados a preocuparnos que perdemos momentos vitales inventando futuros que nunca van a suceder. Evitar esto requiere práctica y consciencia, es decir para no preocuparte, tienes que estar consciente de que estas preocupándote, una vez que te des cuenta de que estás pensando en algo que en ese preciso momento no vas a solucionar, déjalo ir y establece cuando lo vas a trabajar, hasta entonces, no lo toques. Para eso busca algo que te saque de ese círculo vicioso, llámese eso música, respiración, libros o cualquier otra cosa que te permita enfocarte en algo más productivo. ¿Qué beneficio tiene esto? Pues que cuando vuelves a prestarle atención a la situación, la ves con una visión más clara y descansada.

“Cuando nos preocupamos tendemos a desarrollar una visión de túnel donde no vemos más que una salida, eso se debe a que hemos estado inmersos en la situación por tanto tiempo que hemos perdido la perspectiva”

  1. Celebra los triunfos grandes o pequeños. Vale la pena celebrar aquello que ha salido bien. Nos acostumbramos al enfoque negativo que un contratiempo puede arruinarnos todo el día y sin embargo no nos permitimos que un éxito nos lo arregle. Eso nos demuestra que es nuestro enfoque el que debe cambiar, apliquemos esa regla en sentido inverso: que un contratiempo no nos quite la paz y que un pequeño triunfo nos arregle todo el día, date permiso de que así sea. Tu salud mental te lo agradecerá.

Espero que estos pequeños consejos contribuyan a aumentar tu resiliencia y a ayudarte a gestionar las emociones, para que cualquiera que sea la meta que te propongas estés cada día más cerca de lograrla.

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